Inteligencia Emocional

Simplemente disfruta

La idea de que la vida es como un sueño es muy antigua. Nuestros antepasados pensaban en ello y existen referencias a esta concepción en el pensamiento hindú, en la mística persa, en la moral budista, en la filosofía griega y en la tradición judeo-cristiana. En el mito de la caverna Platón estableció que el hombre vive en un mundo de sueños, de tinieblas, cautivo en una cueva de la que sólo podrá liberarse tendiendo hacia el bien. Sólo entonces el hombre expulsará de su vida las ilusiones erróneas y las pesadillas y llegará a la luz.

La influencia de esta concepción platónica en la obra La vida es sueño de Calderón de la Barca es innegable. El protagonista, Segismundo, vive en un principio dentro de una cárcel donde permanece en total oscuridad por el desconocimiento de sí mismo. Sólo cuando es capaz de averiguar quién es, consigue el triunfo y llega a la luz.

¿Hasta qué punto sabes usar el poder de tu pensamiento para evolucionar y crecer? El poder del pensamiento sólo puede aumentarse y mejorarse con la práctica diaria. La vibración que emitas con tu mente pensante es el ejercicio que incrementa el poder creador que tenemos los seres humanos.

¿Cuál es tu brújula mental? ¿Qué cosas son importantes para ti? ¿A qué pensamientos le concedes más prioridad? El ser humano genera tres grandes fuerzas: el pensamiento, el deseo y la acción. De éstas la que tiene efectos de mayor calado y fuerza es el pensamiento, ya que éste es la antesala de la acción y hace de guía del deseo.

Esa fuente de posibilidades llamada pensamiento

Un pensamiento es una fuerza, una energía. Los efectos externos de tu vida se inician en tu campo mental interior. Queda claro, pues, la importancia de pensar de forma constructiva. Tu mente genera pensamientos de forma constante, por tanto te encuentras en un estado de creación permanente, aunque no te des cuenta de ello. No lo olvides y grábatelo a fuego: la realidad es la consecuencia de lo que creas con tus pensamientos.

Nuestra mente es muy poderosa y somos nosotros los que nos inducimos a un resultado o a otro a través de nuestros decretos de la realidad. Estos decretos los marcamos con el tipo de pensamiento que tenemos.

¿Crees que merece la pena vivir? Entonces trata de buscar los medios que te lleven a una vida feliz y debes empezar por encontrarle un sentido a tus acciones. Estas pautas son la caja de herramientas básica que necesitas para el cuidado y mimo de tu existencia:

  • Elije pensamientos llenos de amor.
  • Abre tu corazón.
  • Expresa tus sentimientos.
  • Céntrate en lo que puedes dar y empléate a fondo.
  • Aprende a respetarte a ti mismo y a los demás.
  • Deja que se vayan tus temores, prejuicios y obsesiones.
  • Comprométete con la vida.
  • Vive con pasión
  • Confía en ti, en los demás y en la vida.

Todo lo que llega a nuestra vida es porque lo hemos atraído a través de las imágenes que tenemos en nuestra mente. Todo lo que pensamos es lo que atraemos. Tanto si crees en ello como si no, debes saber que la ley de la atracción se activa con tu mente. Nos convertimos en lo que pensamos y atraemos lo que más pensamos. Si somos capaces de ver lo que queremos en nuestra mente sin dudas, lo tendremos en nuestra mano. Estamos emitiendo frecuencias permanentemente, lo que quiere decir que nuestros pensamientos se materializan en la dirección que hemos elegido. Cuando imaginamos estamos emitiendo una frecuencia determinada y atraeremos cosas semejantes que están en la misma frecuencia que nuestros pensamientos.

¿Cuánta energía crees que desperdicias? ¿Eres consciente de todo lo que podrías conseguir? Podemos lograr una vida plena si cambiamos nuestro modo negativo habitual de abordar las situaciones vitales a modo positivo. Podemos ser felices si abandonamos las adicciones autodestructivas que tenemos.

  • Decide lo que quieres. Sé específico y márcate un objetivo que quieras conseguir en un plazo de tiempo determinado con micrometas a lograr y a celebrar.
  • Enfócate en tus deseos y no le concedas poder a elementos que te puedan desviar del camino. Pasa tiempo pensando en lo que quieres, planifica, da pasos y recrea la sensación de tener ya lo que quieres.
  • Rechaza cualquier pensamiento negativo de duda o inseguridad. Cuando tenemos dudas estamos emitiendo vibraciones negativas que nos pondrán a prueba a cada momento.
  • Cree firmemente en que alcanzarás lo que deseas.
  • Escribe tus deseos y objetivos. Puedes realizar un mapa de ruta con imágenes, fotografías, frases de motivación y todo el material que te ayude a concretar lo que quieres para que se materialice y tu subconsciente se ponga en marcha para conseguirlo.
  • No limites tus deseos. Piensa en grande en todas las áreas de tu vida. Haz una gran carta de deseos y disfruta mientras la elaboras. Esta vibración que vas a generar es una plataforma muy potente de salida.
  • Ilusiónate. El entusiasmo nos motiva y aumenta nuestra energía.

Mejora tu energía para atraer todas las situaciones que esperas y a las personas positivas a tu vida. Simplemente disfruta.

 

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La dependencia en nuestras decisiones

Hacia mediados del siglo XX Amos Tversky y Eldar Shafir llegaron a la conclusión de que la falta de seguridad puede condicionar y modificar conductas y alterar comportamientos. Convencidos de sus hallazgos realizaron el siguiente experimento con un grupo de estudiantes universitarios norteamericanos. Hagamos un viaje en el tiempo y el espacio.

Tras duras semanas de estudio, y a falta de unos cuantos días para la llegada de las vacaciones de Navidad, a varios estudiantes se les presenta la oportunidad de viajar a Hawai por unos precios de ganga. Faltan dos días para conocer las notas de un importante examen, clave para su carrera. Las opciones que tienen los estudiantes son tres: comprar el viaje en ese momento, dejarlo para más adelante, perdiendo la oferta, o abonar un depósito de cinco dólares para conservar la oferta durante dos días, lo que les permite disponer de un margen hasta conocer la nota del examen. Si nos paramos a pensar, la mayoría de nosotros, quizá, preferiríamos esperar a saber la nota antes de actuar. Esta es la razón por la que Tversky y Shafir eliminaron la incertidumbre a un grupo de estos chicos, a los que se les dijo de antemano los resultados de sus notas.

De los que habían aprobado el examen, un 57% decidió viajar a Hawai, ya que había que celebrar tan buena noticia. De los suspensos, un 54% también se fue de viaje porque, al fin y al cabo, algo tenían que hacer para consolarse. De los estudiantes que no conocían las notas, la mayoría, el 61%, optó por reservar la oferta abonando los 5 dólares de depósito. Lo curioso es que pensaban irse de viaje independientemente de que hubieran aprobado o suspendido[i].

¿Para qué esperar si lo tenían tan claro? ¿Cuál fue la razón para dilatar una decisión que ya habían tomado? ¿Por qué vincular y hacer depender la nota con el viaje si el resultado no va a condicionar su acción ni es causa-efecto?

La respuesta está en la incertidumbre, porque el no saber qué va a pasar, el tener alguna de las variables de nuestra vida descontrolada, nos bloquea, nos paraliza y preferimos estar seguros del terreno que pisamos, en lugar de poner el pie en tierras pantanosas en las que nos podemos hundir. En resumen, lo conocido, lo previsible y lo controlable es nuestro seguro de actuación y, desde ahí, la mente está más abierta a nuevos escenarios.

Antonio Damasio, en su libro El error de Descartes escribe sobre las conexiones neuronales, denominadas «engramas», y los vínculos entre los pensamientos y los sentimientos, que él denomina «marcadores somáticos», y defiende que nuestro proceso de toma de decisiones no se basa en la razón, sino en las emociones y recuerdos inconscientes. Por eso es tan importante la visualización positiva y la disposición favorable a los acontecimientos, aunque sean adversos, para recuperar la confianza cuando se pierde. Revisa el patrón de toma de decisiones que sigues para averiguar si estás tendiéndote una trampa y estás dilatando una decisión escudándote en que hay algo en tu vida que no tienes claro.

[i] Heath, Dan y Heath, Chip. Pegar y pegar, LID Editorial Empresarial, Madrid, 2007, página 46.

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Confianza positiva

Los seres humanos buscamos paz, bienestar y armonía. Nuestro sueño es llegar a alcanzar la felicidad, pero este sueño se puede quedar en el país de los espejismos si desconocemos nuestras capacidades para reequilibrar nuestro sistema cuando aparezcan los vaivenes de la vida. Un desequilibrio no resuelto nos conduce directamente al malestar físico y emocional. Un paso en falso en el trapecio vital nos puede hacer caer.

Todas las personas tenemos la capacidad para manejarnos en el columpio de las emociones y decidir qué actitudes nos mantienen en nuestro eje de gravedad. Esas actitudes son también las que, en caso de caída, nos levantan. Para que esta capacidad se despliegue es necesario entrenar el hábito de ver la vida en positivo, un hábito, que le hace falta al conjunto de nuestra sociedad, demasiado colgada de las noticias y declaraciones de terceros.

Resulta fácil ver la vida en positivo, tener ganas e ilusión cuando las cosas nos van perfectamente y todo sale según lo previsto, pero es mucho más complicado, y más meritorio, seguir confiando y ser positivo cuando las cosas se tuercen.

La confianza tiene un gran efecto en todos nosotros. Su presencia puede hacer que una persona lleve a cabo iniciativas para las que no creía disponer de capacidades, mientras que su ausencia puede llevar a la deriva a la persona más preparada del mundo. La confianza es un potente elemento que tiene la propiedad de cambiar el curso de los acontecimientos de una manera extraordinaria.

La confianza es como un colchón mullido que se adapta a la anatomía de cada persona. Nos hace estar tranquilos porque suponemos que la realidad que tenemos entre manos es predecible y controlable. Sin embargo, cuando la sombra de la duda pulula en el ambiente, los comportamientos y las actitudes cambian y dejamos de dormir en ese colchón suave y confortable para pasar a hacerlo sobre una tabla de madera dura e incómoda. Cuando la confianza brilla por su ausencia, el nerviosismo se instala y la parálisis se hace evidente.

Existe una delgada línea que marca la relación entre la duda y la confianza. La pérdida de la confianza se produce cuando no sabemos qué va a pasar, cuando los terrenos sobre los que nos movemos son pantanosos y desconocemos por dónde va a ceder el suelo, es decir, cuando el trapecio se mueve y nos sentimos mareados ante tanta oscilación. Cuando la incertidumbre reina y el desequilibrio gobierna, la confianza queda destronada, estrangulando a nuestro sistema interno. La sensación de descontrol en nuestra vida nos bloquea.

Las noticias y acontecimientos que estamos viviendo en este sorprendente siglo XXI no acompañan a la tranquilidad y a la estabilidad personal. Por eso es fundamental que reflexiones acerca de dónde estás poniendo tu atención, de si te dejas llevar por las opiniones externas o si estás centrado en aquellas cosas que puedes hacer y controlar con dedicación y esperanza.

Cuando la confianza se resquebraja es necesario iniciar un proceso de autorreflexión para retomar el estado positivo interno y demostrarnos que podemos seguir adelante. La confianza es un valor intangible que se construye, se promueve y se favorece desde el interior de cada uno, aunque también puedan influir el entorno y otras variables externas. Estas pautas conforman los pilares de la recuperación de la confianza desde uno mismo:

  • Destierra de tu mente los pensamientos negativos y los malos recuerdos de experiencias pasadas.
  • No te enrosques en la situación de derrota que puedas tener debido a los resultados no deseados de los acontecimientos.
  • Proyéctate hacia la mejora.
  • Evita las comparaciones destructivas con los demás, de lo contrario sufrirás desgaste emocional y erosión mental.
  • Establece un diálogo interno positivo para desatar la credibilidad en ti mismo.
  • Orienta cada día tus decisiones y comportamientos hacia lo que deseas.

Cada persona debe recuperar la confianza a su manera y reconocer qué fue lo que la debilitó, interpretando la situación desde otro punto de vista y encontrando los refuerzos positivos propios. Cuando perdemos la confianza y nos desequilibramos podemos caer en la tentación de revolvernos contra el entorno y enfrentarnos a nosotros mismos. En este momento es fácil ser víctimas de un estado interno emocional negativo muy intenso que nos puede llevar a un agujero sin fondo. Tanto la puerta de entrada como la de salida del agujero están dentro nosotros. Sólo hay que navegar en las profundidades de nuestro invierno emocional.

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Sin miedo

Decía Franklin Delano Roosevelt que no tenemos nada que temer excepto al miedo en nosotros mismos. El miedo es una de las sensaciones más desagradables a las que nos podemos enfrentar. Nadie quiere sentir temor, pero no por eso vamos a hacerlo desaparecer de nuestras vidas por arte de magia. El miedo es una reacción natural y muy sana. Todos sentimos miedo ante situaciones nuevas, ante lo desconocido, ante lo que implica una gran tensión y responsabilidad y, por supuesto, ante todo lo desagradable y peligroso para nuestra integridad o la de nuestros seres queridos. De forma más concreta podemos decir que tenemos miedo a las situaciones que representen una amenaza para nosotros, ya sea real o imaginaria. Entre los miedos a los que nos podemos enfrentar están el miedo a sufrir, al que dirán, a perder el poder, a perder la credibilidad, el estatus, el prestigio, el miedo a la exposición pública de lo mal que en realidad nos va en nuestra vida, el miedo al rechazo, al desprestigio, a la soledad, al abandono, a hacer el ridículo, al fracaso, al cambio, incluso el miedo a ser nosotros mismos.

El miedo es una señal que nos hace estar alerta y despiertos para reaccionar antes de que entremos en la espiral del peligro. Visto desde esa óptica, el miedo nos ayuda a analizar una circunstancia desde diferentes perspectivas, con lo que se convierte en un potente aliado de vida. Este tipo de miedo está asociado a la prudencia y nos permite equilibrar nuestra vida.

Pero en ocasiones el miedo complica nuestra existencia, nos impide tomar decisiones, nos hace dudar de nuestras capacidades y nos paraliza. En este caso, el miedo se convierte en un elemento tóxico que oxida a los equipos de trabajo, erosiona la confianza y debilita la seguridad. Este tipo de miedo es el mayor enemigo del aprendizaje y de la superación y nos produce un bloqueo mental.

En este punto es cuando hay que tomar conciencia de que el miedo está hipotecando las decisiones que tomamos o dejamos de tomar. En este momento es cuando hay que encontrar la manera de reactivar y afianzar la confianza y seguridad en nosotros mismos.

El miedo es una barrera que impide que podamos desarrollar nuestra inteligencia emocional, ya que imposibilita que accedamos a un conocimiento profundo acerca de nosotros por miedo a lo que encontremos allí, nos impide acercarnos a los demás y, por tanto, nos frena para desarrollar las capacidades de observación que nos conducen a la sensibilidad empática. El miedo engendra siempre más miedo y actúa como freno para convertirnos en líderes inteligentes de nuestra vida.

Estas preguntas son muy útiles a la hora de tomar conciencia de lo que significa el miedo y de los efectos que tiene:

  • ¿Cuál es tu miedo?
  • Afínalo un poco más.
  • ¿Cómo influye ese miedo en las decisiones que tienes que tomar a diario?
  • Cuando el miedo te guía, ¿cuál es el resultado?
  • ¿Qué pasaría si no tuvieras ese miedo?
  • ¿Qué tendría que pasar para que no tuvieras miedo?

Empieza por ser honesto contigo y las cosas comenzarán a tener más sentido.

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